La Infantería de Marina

      Cuando oímos hablar de Infantería de Marina, a muchos nos viene a la cabeza la imagen de esos Marines norteamericanos que el cine se ha encargado de darnos a conocer, soldados que desembarcan de sus lanchas anfibias en aquellas playas de Normandía durante el "Día más largo", aquel 6 de junio de 1944 en el que miles de hombres perdían la vida, muchos de ellos sin apenas salir del agua. No cabe duda de que, posiblemente, sean los estadounidenses quienes más y mejor han sabido promocionar a ese cuerpo, pero no fueron ellos quienes lo crearon, sino los españoles, nada menos que en el año 1537.  

      En 1534, Carlos I, basándose en las coronelías creadas anteriormente por el Gran Capitán, decide organizar las tropas asentadas en las posesiones españolas de Italia en tres Tercios, el de Sicilia, el de Lombardía y el de Nápoles, a los que se une en 1536 el Tercio de Cerdeña, todos ellos conocidos más tarde como Tercios Viejos. En aquella época, como había sucedido durante muchos años, los soldados de infantería iban embarcados en los navíos para entrar en acción con sus armas tras el choque entre barcos rivales, convirtiendo las batallas navales en lo que sería una prolongación de la lucha en tierra firme. Era por tanto fundamental disponer de tropas habituadas a la vida en el mar, soldados que no le tuvieran miedo y que no se mareasen en los periodos de navegación, además de estar bien preparados en el uso de armas de fuego y en la lucha cuerpo a cuerpo, por lo que se creó en 1537 el Tercio Nuevo de la Mar de Nápoles, con fuerzas de infantería permanente y especialmente entrenadas para el combate en galeras. Fue la primera Infantería de Marina de la historia y el origen de la que existe actualmente. Más tarde, se establecería un número de 125 hombres de guarnición por cada buque, que incluía un capitán, un alférez, un sargento, un pífano (flautín) y un tambor, además, Felipe II se ocuparía de conferir un mayor poder naval sobre la costa, mediante tropas que eran capaces de asaltarla partiendo de naves, sin deterioro de su capacidad de combate, dando lugar al actual concepto de fuerza de desembarco.

      Desde entonces, la historia de este glorioso cuerpo, acostumbrado a actuar como punta de lanza en arriesgadas operaciones de ocupación de playas y tramos de costa, donde no hay más retaguardia que el mar, está unida a un sinfín de contiendas, como los ya lejanos enfrentamientos con los turcos en Argel en el siglo XVI; la célebre batalla de Lepanto, donde fueron los Infantes de Marina de la galera "Real" los primeros en abordar la galera "Sultana" en la que viajaba Ali Pasha, comandante en jefe de la flota otomana, para proporcionar a la Liga Santa una victoria memorable "la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros"; en 1762 combatieron en La Habana, defendiendo heroicamente el Castillo del Morro frente a los ingleses, lo que les valió la consideración de Cuerpo Real, como así lo demuestran las dos franjas rojas de su pantalón azul (distintivo exclusivo de la Infantería de Marina y la Guardia Real); en 1814 los Batallones de Marina Ferrolanos, que perseguían a las tropas napoleónicas que huían de España, ocuparon la localidad francesa de Toulouse; a principios del siglo XX tomaron parte en las contiendas de África, con el desembarco de Larache en 1911, Alhucemas en 1925 y la defensa de Ifni en 1957; en fin un gran número de intervenciones de las que aquí sólo podemos mencionar unas pocas, pero que se podrían completar con campañas más recientes como Bosnia, Haití, Océano Índico, Líbano o Afganistán. 

      Sin duda, un encomiable historial para un cuerpo del que formaron parte personajes tan ilustres como Miguel de Cervantes o Calderón de la Barca y que acogió en 1793 a la primera mujer Infante de Marina de la historia, Ana María de Soto, que se incorporó al cuerpo haciéndose pasar por un hombre llamado Antonio de Soto y participó en un gran número de combates durante los cinco años que duró su valiente aventura, hasta que un rutinario reconocimiento médico desveló su secreto. Se le ordenó entonces desembarcar, en medio del asombro y la admiración de todos sus compañeros y superiores, que no dudaron en proponer su distinción, por lo que le fue concedida una pensión vitalicia por su heroicidad y su conducta intachable. Una mujer que defendió con orgullo el lema de esta Infantería de Marina que cumplió 475 años el 27 de febrero de 2012:
"Ser valiente por tierra y por mar".

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