El Día de la Pepa

      En octubre de 1807, con el pretexto de invadir Portugal y el beneplácito de la corona española, las tropas francesas de Napoleón entran en España. Sin embargo, sus intenciones van más allá y pronto comienza la ocupación, una a una, de las principales ciudades españolas y la designación de José Bonaparte, hermano del emperador francés, como rey de España. La resistencia del pueblo español no se hizo esperar y muchas fueron las ciudades que con arrojo y decisión plantaron cara al invasor, protagonizando sangrientas batallas, trágicos episodios de una Guerra de Independencia que iba a durar hasta 1814.

      Ante el avance napoleónico, en 1810 se celebra la primera sesión de las Cortes Extraordinarias y Constituyentes en la que, por entonces, se denominaba Isla de León, actualmente San Fernando, aunque posteriormente se trasladarían a Cádiz. Allí, se reunieron los diputados electos, tanto de la península como de los territorios de ultramar, así como los que habían sido elegidos para representar a aquellas provincias ocupadas por las tropas invasoras. Todos ellos, algo más de trescientos, de los que casi sesenta eran americanos, comenzaron a sentar las bases de la que sería la primera Constitución de la historia de España.

      Así, la ciudad más antigua de España, mientras resistía el asedio de los franceses que durante treinta meses la sitiaron inútilmente, gracias a la valiente defensa que hicieron los gaditanos, asistía a la gestación y nacimiento de una Constitución que sería promulgada en Cádiz el día 19 de marzo de 1812, día de San José que aportaría a tan importante documento el sobrenombre de "la Pepa", por el que fue conocida popularmente. Una Carta Magna que asentaba los tres pilares fundamentales de la nueva monarquía constitucional: la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial); la garantía jurídica de los derechos y libertades de los ciudadanos y el imperio de la ley, con la consiguiente sumisión al principio de legalidad.

      Tras la derrota y expulsión definitiva de los franceses en 1814, Fernando VII, a su vuelta a España, derogó esta Constitución, que se volvería a aplicar entre 1820 y 1823 y, un breve espacio de tiempo, entre 1836 y 1837. Una corta vida para un documento que trajo importantes logros, como la independencia de la justicia, la libertad de prensa o la supresión absoluta de la Inquisición. Un documento en el que quedaron consagrados algunos de los principios y derechos fundamentales que rigen hoy en día la vida de los españoles.

      La esperanza que aquella Constitución transmitía sobre un nuevo tiempo de libertad y la euforia por la retirada de los franceses, tras el drama al que habían estado sometidos los ciudadanos de Cádiz durante aquel trágico asedio, en el que incluso muchos de aquellos diputados habían perecido víctimas de los ataques y de la fiebre amarilla que asoló la ciudad, llevó a los gaditanos a salir a las calles a celebrar la ansiada liberación de la ciudad con un grito que resonó de manera casi unísona: ¡Viva la Pepa!.

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